La disputa por las Islas Malvinas entró en una nueva etapa de tensión entre la Argentina y el Reino Unido, con declaraciones cruzadas, sanciones, advertencias militares y gestiones diplomáticas que tendrán un nuevo escenario esta semana: la Asamblea General de la ONU.
El petróleo aparece como uno de los ejes del conflicto. El proyecto Sea Lion, ubicado en aguas profundas a 220 kilómetros al norte del archipiélago, podría generar para las autoridades británicas unos USD 2.000 millones en regalías durante 30 años.
La posible explotación es impulsada por Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum, con planes de comenzar a bombear en 2028.
Una filtración del Pentágono abrió la discusión
El primer episodio público se conoció el 25 de abril, cuando Reuters difundió el contenido de un correo interno del Pentágono que enumeraba posibles represalias del gobierno de Donald Trump contra aliados de la OTAN que no habían respaldado operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente.
Entre las medidas mencionadas aparecía la posibilidad de revisar el apoyo diplomático de Washington a reclamos europeos sobre “posesiones imperiales”, con una referencia explícita a las Malvinas. El trasfondo era el enfrentamiento entre Trump y el entonces primer ministro británico Keir Starmer, a quien el mandatario estadounidense había cuestionado por la negativa de Londres a conceder derechos de acceso, base y sobrevuelo para acciones contra Irán.
El subsecretario del Departamento de Estado Thomas G. DiNanno sostuvo entonces que Estados Unidos era neutral en el asunto. Javier Milei afirmó que su gobierno hacía “todo lo humanamente posible” para que las islas volvieran a manos argentinas, mientras que Londres reiteró que la soberanía “no está en cuestión”.
Trump volvió a pronunciarse y Milei respondió con una cadena nacional
El 1 de septiembre, Trump fue consultado en el Salón Oval sobre una eventual revisión de la postura estadounidense respecto de la soberanía del archipiélago. “Siempre reviso cada posición. Es solo una de muchas”, respondió. Milei calificó la frase como algo “muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada” de los argentinos.
Dos días después, el Presidente utilizó la cadena nacional para afirmar: “Las Islas Malvinas son argentinas por historia y por derecho. No hay debate”. También anunció sanciones contra empresas vinculadas con la explotación de hidrocarburos sin autorización argentina, una ampliación del presupuesto de Defensa para construir una base naval en Tierra del Fuego y un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
Milei cuestionó el derecho de autodeterminación de los isleños y declaró “sin validez” el referéndum de 2013, en el que el 99,8% de los habitantes votó por continuar como Territorio Británico de Ultramar. Esa misma noche, Trump evitó confirmar si respaldaría al Reino Unido ante un eventual nuevo conflicto y recordó que Londres “no estuvo ahí” durante la guerra contra Irán.
Londres elevó el tono y la Argentina amplió las sanciones
El gobierno británico respondió el 4 de septiembre con una advertencia de Downing Street: sus fuerzas armadas estaban en alerta permanente para proteger al Reino Unido y sus intereses. El secretario de Defensa, Wes Streeting, afirmó que las Malvinas son británicas porque los isleños eligieron serlo y describió el discurso de Milei como una expresión de la política interna argentina.
En paralelo, el gobierno argentino informó que había iniciado procedimientos sancionatorios contra 45 personas y empresas. Los decretos 867/2026 y 868/2026 formalizaron parte de las medidas. El segundo designó a la Cancillería como autoridad de aplicación de la Ley 26.659 y estableció un plazo de cinco días hábiles para que organismos estatales comunicaran posibles incumplimientos.
Londres calificó las sanciones de “inaceptables” y sostuvo que el comercio en las islas se rige por la legislación británica. La Cancillería argentina, a su vez, rechazó una guía del Ministerio de Asuntos Exteriores, Commonwealth y Desarrollo que impulsa la actividad comercial e hidrocarburífera en la zona y sostiene que la legislación argentina no se aplica sobre el archipiélago.
Advertencias de Trump y una señal militar británica
El 12 de septiembre, durante una conferencia de prensa en Dublín junto al primer ministro irlandés Micheál Martin, Trump dijo que las Malvinas le parecían “muy interesantes” y describió a la Argentina y al Reino Unido como “dos países que están enfadados”. Un eventual enfrentamiento, advirtió, sería “un desastre potencial”. También se mostró dispuesto a intervenir como mediador si las partes lo convocaran.
El 14 de septiembre, el Reino Unido confirmó que reemplazará los cuatro cazas Typhoon Tranche 1 desplegados en las islas por aeronaves Tranche 2, con una rotación prevista para fines de noviembre de 2027. El Ministerio de Defensa dijo que el cambio estaba planificado y no respondía a la tensión actual, aunque reconoció su valor como señal de compromiso militar.
Ese día, un analista local citado por EFE resumió el estado de ánimo en las islas: “Estamos cansados de ser un juguete político, de ser peones en un tablero de ajedrez”.
La disputa llega a la ONU con una causa judicial abierta
Con el Decreto 983/2026, el gobierno de Milei creó en la Cancillería el Sistema de Articulación de la Política Exterior para coordinar las acciones estatales relacionadas con las Malvinas, las Georgias del Sur, las Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes. Para ese momento, ya se habían abierto procedimientos contra 60 empresas y personas vinculadas directa o indirectamente con la cuenca Malvinas.
También avanzó una causa penal contra petroleras extranjeras. La jueza federal Mariel Borruto, de Río Grande, hizo lugar a una medida cautelar y ordenó que las empresas se abstuvieran de iniciar, continuar o ejecutar obras necesarias para poner en marcha la explotación.
En paralelo, medios británicos informaron que Trump y el primer ministro Burnham podrían reunirse por primera vez esta semana en Nueva York, al margen de la Asamblea General de la ONU, con las Malvinas entre los temas de agenda.
El Gobierno argentino prepara su estrategia diplomática
La Cancillería trabaja con el protocolo de la Casa Blanca y el Departamento de Estado para concretar un encuentro entre Milei y Trump alrededor del 21 y 22 de septiembre. El objetivo es que el mandatario argentino exponga los derechos históricos que reclama el país y solicite una mediación de Washington, aunque para avanzar Londres debería aceptar negociar.
El investigador del Centro Stimson Benjamin Gedan señaló que Trump debería convencer a ambas partes de que es neutral para asumir ese papel. El discurso de Milei ante la Asamblea General, previsto para el miércoles, incluiría una defensa de los derechos soberanos argentinos y cuestionamientos a la negativa británica a cumplir las resoluciones del Comité de Descolonización de la ONU.
El canciller Pablo Quirno resumió la posición oficial: “El objetivo es recuperar la soberanía mediante el diálogo diplomático”. A la vez, afirmó que el Gobierno utilizará herramientas legales, diplomáticas, jurídicas, de defensa y de inteligencia para proteger sus intereses.






